El Papa León XIV se repite en cientos de pantallas de celulares en el Parque Paris Londres, en Paysandú, Uruguay.
La imagen irrepetible muestra a un bebé cerca del rostro del Sumo Pontífice, completamente de blanco subido en el papamóvil. Un custodio eleva al pequeño y el Papa lo bendice, apoyando una mano en su cabeza.
A los lados, los custodios miran con rostro adusto a la gente. Están concentrados en la seguridad del Jefe del Estado Vaticano.
León XIV, por el contrario, es una sonrisa plena. Su figura se recorta entre un público multicolor, que agita banderas vaticanas, de Uruguay, Argentina, Brasil y Venezuela.
Algunos deciden mirar, ver. Es decir, grabar ese momento en la memoria. Vivirlo. Sentirlo. Dejan los celulares en los bolsillos. Cantan, saludan al Papa y lo vivan. El Papa devuelve el gesto.
Minutos más tarde, en su homilía, les hablará de tú a tú a quienes llegaron a este rincón de Paysandú, una tierra donde los laicos, como en todo Uruguay, son los más.
El público comenzó a llegar al predio de forma masiva a partir de las seis de la mañana para presenciar la primera misa del Papa en América. Pero también hubo quienes lo hicieron más temprano, por la madrugada, tal vez por temor a no conseguir un lugar privilegiado para estar cerca del Jefe de la Iglesia Católica.
Cerca de las 7 de la mañana, tres horas antes de la llegada del Papa, una veintena de sacerdotes se dispone en una hilera e invitan a los fieles a confesarse. Muchos acceden. Se confiesan en medio de una muchedumbre. Se sientan en una pequeña butaca o silla y se acercan al oído del cura. Les hablan de sus pesares y sus pecados.
Unas 40 mil personas llegaron para vivir el momento y contarlo. Familias completas, con niños que juegan entre montículos de arena o duermen en el pasto mojado. Y es que la madrugada del sábado 7 la lluvia se presentó en Paysandú, pero cesó antes de las 5. La espera fue en medio de un viento helado. Las banderas se convirtieron en abrigos. Mientras, los fotógrafos se arremolinan alrededor para las imágenes que darán la vuelta al mundo.
Tras su ingreso al predio en el papamóvil, León XIV subió al escenario que estaba presidido por una gigantografía del beato Jacinto Vera, el primer obispo de Uruguay. El «obispo gaucho» que está camino a ser santo.
El papa Francisco lo beatificó en mayo de 2023 al convalidar la curación de una joven de 14 años en 1936. Durante la jornada litúrgica, León XIV remarcó el profundo legado histórico del prelado y llamó a los fieles a seguir su camino de caridad. En su homilía, convocó a «ser constructores de puentes, como lo hizo el beato Jacinto».
La misa fue un momento de instrospección. Hay personas que se arrodillan y rezan; otras buscan a los suyos y se abrazan por varios minutos. Están conectados a la palabra del líder religioso. Los del más al fondo estiran levemente el cuello para ver la figura casi imperceptible de Léon XIV en el escenario, a pesar de que las pantallas gigantes replican su imagen.
Al final de todo el campo miles y miles de hostias son entregadas en un cuenco a una fila interminable de voluntarios. Minutos después desfilan entre la gente para dar el cuerpo de Cristo.
Al finalizar la jornada litúrgica, todos pudieron llevarse un recuerdo. «No lo vi de cerca, pero estoy muy ilusionada por todo lo que significa para nosotros los católicos. La homilía fue maravillosa», dice una mujer de Paysandú.
En el fondo, en un espacio verde, casi en soledad, una mujer siguió la misa desde una reposera. Hasta la noche del viernes, no sabía si debía asistir. Tenía dudas. «Estuvo muy linda la homilía. Ayer dudé en venir porque me alejé un poco de Dios y de la Iglesia. Anoche a las 23 conseguí las entradas para estar hoy y es muy gratificante porque me ayuda a acercarme más a Dios».
Una pareja se abraza y dice: «Nos pareció muy bueno el mensaje. Dijo tres pilares importantes: tender puentes, una alusión a las palmeras para trabajar en comunidad y, como tercer aspecto, el mate para compartir en familia, con todo el simbolismo que eso tiene en la región y el río de La Plata».
Dos mujeres mayores, una de Paysandú y otra de Montevideo, son una sonrisa plena -como la de León XIV en el papamóvil-. «Somos gente de fe y estar acá y sentir de corazón a corazón, es muy emocionante». La primera misa de León XIV en América terminó y ya es historia.
Texto: Gonzalo Núñez
Fotos: Mauricio Garín
Enviados a Paysandú, Uruguay












