“Estar con ustedes esta noche me permite compartir una reflexión sobre algo que experimentan muchas comunidades cristianas: el avance de la secularización y de una indiferencia religiosa cada vez más extendida. En muchos lugares, la fe ha dejado de transmitirse con la naturalidad de generaciones anteriores y crece el número de quienes atraviesan buena parte de su vida sin una relación habitual con la Iglesia ni con la práctica religiosa. Los creyentes que peregrinan en Uruguay han tenido que aprender a vivir y anunciar su fe en ese escenario, como hemos podido escuchar esta noche. Por eso, su experiencia puede ayudar a hermanos y hermanas en otras partes del mundo que comienzan a descubrir, de distintas maneras, qué significa ser una minoría. Pero, aun en estas circunstancias, hay quienes perseveran: padres que rezan con sus hijos, profesores que procuran vivir y testimoniar la fe, jóvenes que han descubierto a Cristo y desean seguirlo incluso cuando se sienten solos, hay comunidades que continúan reuniéndose y sacerdotes que recorren grandes distancias para llevar los sacramentos a los fieles. Al pensar en todo esto, me venía una y otra vez a la memoria una pequeña ciudad bíblica: Belén”.

El Papa León XIV presidió una celebración este sábado en el Estadio Centenario, de Montevideo, Uruguay, ante más de 60 mil personas, que siguieron con atención sus reflexiones.

Uruguay, un país no católico, escuchó al Papa que viene en misión pastoral y proselitista.

Dijo León XIV: “Sé que detrás de lo que puede verse en una visita breve, hay años enteros de fidelidad. Pienso en las familias que han transmitido la fe, en los sacerdotes y consagrados que han entregado su vida, en los laicos —muchos de ellos jóvenes— que sostienen sus comunidades y en tantas personas que se ponen al servicio de los demás por amor a Dios. Gracias por haber hecho presente a Jesucristo en tantas vidas. Él nos eligió para que vayamos y demos fruto ¡y cuánto de ese fruto está floreciendo allí donde nosotros mismos ni siquiera alcanzamos a verlo! La Iglesia les está profundamente agradecida”.

El Papa linkeó el nacimiento del hijo de Dios en un pesebre de Belén con el mundo actual. “San Lucas nos cuenta que, llegado el momento del parto, ´no había lugar para ellos´(José y María). Todo estaba ocupado. Quizá podemos ver en esta frase una imagen de la indiferencia actual. La vida se llena de ocupaciones, afectos, proyectos y distracciones, hasta que la ausencia de Dios deja de sentirse como ausencia. Se puede llegar a vivir sin buscarlo y, más aún, sin advertir cuánto lo necesitamos”, planteó.

“Sin embargo -expresó-, Cristo viene, pero la casa está llena. No hay lugar dentro y termina recostado en un pesebre; poco después, Herodes intentará acabar con Él, incapaz de soportar un reinado que no controla. Hay algo de Belén que sigue repitiéndose: Dios puede ser considerado innecesario y la fe confinada al ámbito privado, como si nada tuviera que aportar a la vida en común. Cuando se pretende construir un mundo sin Dios, se corre el riesgo de dejar también al hombre sin lugar. Pero nada de eso cambia la realidad: aquel Niño es Dios y viene a salvarnos. Y en ese ´nos´ estamos todos, porque la indiferencia puede entrar también, poco a poco, en la vida de quienes creemos”.

Luego, le habló a la juventud presente en el Centenario: “Jóvenes, ustedes mismos atrévanse a dar el paso casándose y formando una familia. ¡No le teman al ´para siempre´! Matrimonios, abran su casa a la vida, incluso cuando el mundo les diga que un hijo es una carga. Si alguno siente que Cristo lo llama a dejarlo todo para seguirlo en el sacerdocio o en la vida consagrada, no ignoren esa voz por miedo a perder otras posibilidades. Cuando ser justo y honrado tenga un precio, páguenlo. Cuando perdonar parezca una derrota, perdonen. Cuando todos les digan que piensen primero en ustedes mismos, no tengan miedo de hacerse los últimos; sean capaces de entregar tiempo, dinero, comodidad y proyectos para servir a los demás”.

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora