Desde el 20 de marzo el encierro guió la vida de los argentinos, y le impuso límites, vedas, la imposibilidad de abrazar, de besar, de compartir el mate, de reunirse en familia, con amigos, de sentarse a la mesa de un bar -los bares se cerraron-, de salir a caminar -las salidas no eran posibles-, de vivir como siempre se había vivido. La pandemia de coronavirus trastocó todo, aquí y en todas partes. De momento, la emergencia sanitaria sigue, y también el distanciamiento social. La ciudad, que a veces tiene un ritmo vertiginoso, se ha vuelto más pueblerina.

De la Redacción de Entre Ríos Ahora