Joe Lemonge, joven trans de 28 años, oriundo de Santa Elena, realizó un desesperado pedido a la Justicia entrerriana para que resuelva su recurso de apelación a la condena a cinco años y seis meses de prisión que pesa en su contra por el delito de homicidio en grado de tentativa.

La sentencia fue emitida el 25 de abril de 2018, por la entonces jueza Cristina Lía Van Dembroucke (hoy jubilada), del Tribunal de Juicio y Apelaciones de Paraná con asiento en La Paz.

En el fallo, la magistrada consideró probado que el 13 de octubre de 2016, alrededor de las 7, desde el interior de su vivienda, en Santa Elena, Joe le disparó –a menos de dos metros de distancia- a Juan Emanuel Giménez, quien se encontraba en la vereda.

En los fundamentos del fallo, descartó que la circunstancia en la que se dio el disparo contra Giménez haya sido en defensa a un ataque transfóbico, sino que apareció en un contexto de venta de drogas.

Joe, por el contrario, insiste que se defendió de un ataque transfóbico. Ahora, a través de las redes sociales, pidió a la Cámara de Casación Penal de Paraná que resuelva su apelación a la condena. “No sé de dónde saco fuerzas para continuar con mi vida. Ya no pido donaciones, pido la oportunidad de tener un trabajo y que me devuelvan mi vida. No quiero ser una persona transgénero más que deja de existir”, dijo.

La resolución para revocar o confirmar la sentencia de primera instancia está en manos de los jueces Marcela Badano, Marcela Davite y Hugo Perotti.

El versión de Joe

A través de Instagram, Joe contó su versión de los hechos por los cuales fue condenado y cómo su situación se agravó ante la pérdida de sus padres y la imposibilidad de conseguir trabajo:“En octubre de 2016, un grupo de hombres me atacó por simplemente odiarme por como soy. Al defenderme de ellos, particularmente de uno de ellos, quedé detenido yo. 15 días después, estando yo detenido, falleció mi padre. Mi familia siempre fue muy pequeña: mi papá, mi mamá y yo. Luego me quedé sin trabajo y un mes después el mismo hombre prendió fuego mi casa”, arrancó.

Luego contó que, en 2017, él y su madre perdieron todas sus pertenencias: “Perdimos sueldos y nos embargaron objetos personales”.

Y continuó: “En 2018 arribo, sin nada, a un juicio que fue homo-lesbo-transodiante en el cual la jueza, tomando como únicas pruebas las declaraciones de esos tres hombres, decide condenarme a cinco años y medio de prisión. A raíz de eso, mi caso se virilizó por un video y las organizaciones sociales, de derechos humanos y miles de pibitas independientes hicieron que mi historia se conociera en todos lados. Apelamos con un equipo de abogados y hasta la actualidad no puedo ser libre. Llevo más de dos años, casi tres, esperando mi libertad. Si contamos 2016, serían cinco años ya. En marzo de 2020 me quedo sin trabajo por el inicio de la cuarentena y comenzó un año bastante difícil, que entiendo que para todos fue difícil. Para mí y las personas trans quizás un poco más”.

Al finalizar, comentó que este año comenzó con el fallecimiento de su madre y que su situación se complicó por los gastos médicos, de servicio fúnebre y problemas con los papeles de su casa. “Justamente no cuento con trabajo y por más que esté diplomado en Inglés y Seguridad y Vigilancia Privada, no consigo trabajo por estar imputado en una causa que lleva casi cinco años sin resolverse”.

“No sé de dónde saco fuerzas para continuar con mi vida. Ya no pido donaciones, pido la oportunidad de tener un trabajo y que me devuelvan mi vida. No quiero ser un número más de una persona transgénico que deja de existir”, finalizó Joe.

Los argumentos de la jueza al condenar a Joe

En la condena de 2018, la entonces jueza Van Dembroucke resaltó que no se probó que Joe haya sufrido un ataque dentro de su casa, cuestión que hubiese habilitado avalar que actuó en defensa propia. Además, remarcó que las pericias arrojaron que el joven que sufrió un disparo en el cuello se encontraba fuera del predio de la casa, sobre calle Tucumán, tal como lo planteó el fiscal de La Paz, Santiago Alfieri. En ese punto, se remitió a lo que dijo una testigo llevada por la defensa y al peritaje del goteo de sangre.

La jueza destacó que una testigo de Joe ubica a Giménez fuera del lugar, en la vereda, desde donde reclamaba que le siga vendiendo droga. “Vendeme, vendeme otra, no seas gorda gila, dale, vendeme”, decía Giménez aquella mañana del 13 de octubre de 2016, según las palabras de Carla Lúquez, testigo en la causa.

“A esta altura cabe aclarar que sin duda la identificación sexual de la encausada le ha traído sufrimientos y padecimientos injustos, discriminación, insultos y agresiones altamente reprochables, dificultades para conseguir empleo e insertarse socialmente, como explicó en su declaración y narró su madre Genoveva Mendoza, y también es altamente probable que sufriera todo tipo de improperios de distintos grupos, pero lo cierto es que, salvo su madre, no hay otro testigo, actuación o medio probatorio de que los mismos hayan partido de Giménez y menos aún que el hecho acaecido lo haya sido en el marco de este contexto (…), sino mas bien el de reclamo de provisión de estupefacientes”, dijo la jueza en su fallo condenatorio.

De la Redacción de Entre Ríos Ahora