Tiene 84 años y la lucidez a prueba del paso del tiempo. Convive con cuidadoras que la auxilian con los achaques de la edad. «Pero el bocho lo tengo espléndido», aclara.

Ana María Almirón de Álvarez resiste a los años y aunque ya no está en ninguna radio, en ningún canal de TV, su voz estereofónica se escucha a través de los videos que sube a su cuenta personal de Facebook con la puesta en escena propia de un plató de televisión: le habla a la cámara -un celular-, despliega anotaciones sobre el escritorio, se aprende el texto que quiere decir, suma datos, análisis, está al corriente de lo que pasa.

El último posteo mezcló su malestar con la contratación de Lali Espósito como uno de los números centrales en la última edición de la Fiesta Nacional del Mate y la falta de obras de saneamiento y atención a familias que viven en situación de precariedad, como la que se vio ferozmente afectada por el último aguacero, a la vera del arroyo Colorado, y que significó la pérdida de dos de los seis integrantes.

Ha estado al corriente del debate en el Congreso de la ley de reforma laboral y se alegra por el triunfo de la posición de La Libertad Avanza, aunque le cuestiona al gobernador Rogelio Frigerio su alianza muy próxima con el gobierno libertario en la Nación.

Después, muy a su estilo, mezcla crítica social con una situación personaal. «A nosotros nadie nos cuida. Los viejos no le interesamos a nadie. Milei no ha podido ocuparse de los viejos. Yo aporté durante más de 40 años y estoy cobrando la mínima», dice.

«Recibo los pañales de PAMI. Y hace dos meses que el PAMI no me manda los pañales que uso en forma permanente -asegura-. Las cuidadoras que yo tengo, tienen que convivir conmigo, porque no me basto sola. Pero el bocho lo tengo espléndido y lo estoy usando para hablarles a ustedes».

En realidad, PAMI ha tercerizado en una empresa de correos la distribución de pañales a sus afiliados, que antes retiraban en las farmacias. La firma Urbano es la encargada de llevar a cada afiliado al PAMI, pero no siempre cumple: a veces entrega por tandas, y no tiene una regularidad en el servicio. Los reclamos telefónico son atendidos por un bot. No hay forma de conseguir respuestas.

«Estoy harta», dice Ana María Almlirón de Alvarez desde ese video que puso en Facebook. «Y recuerden: a todos nos va a tocar. Pero por favor, no se olviden de los viejos. Javier Milei, basta. Basta, Javier Milei», lanza.

Quién, cómo

Su bio dice que en 1959  egresó de la Escuela Normal de Concordia como maestra, que fue docente en Sauce, Corrientes, en Los Charrúas y en General Campos, que fue locutora de LT15 de Concordia entre 1962 y 1967, que ese año, 1967, se radica en Paraná, que se casa al año siguiente, y que, todo a la vez, empieza a desempeñarse en LT14.

Su clásico de las mañanas de la radio pública de Paraná, “Mi Ciudad y Mi Gente”, empezó en 1985, un envío diario que duraba cuatro horas, que fue un éxito, pero que ese éxito la dejó, o la dejó la radio.

En 1992, se mudó a FM Litoral. Después, daría vida a una radio nueva, FM Contacto, para después volver a LT14 entre 1997 y 2001. Otra vez afuera de la radio pública, y otra vez a FM Litoral.

Ahora ya no está en ninguna radio. Estuvo en tele, y por cable. Pero eso sólo hasta 2019.

El 8 de marzo de 2020 debutó en cable, Somos Paraná, pero el ciclo duró nada: a los pocos días se decretó el aislamiento social, preventino y obligatorio (ASPO) por la pandemia de coronavirus, y Ana María Almirón de Álvarez, dentro del grupo de riesgeo, quedó, como la mayoría, encerrada, y sin poder hacer su programa.

Ni en radio ni en TV. En ningún lado.

Es como si en los medios se hubiese iniciado una nueva era, una era en la que no tiene cabida Ana María Almirón de Álvarez.

«No me llaman. Soy un peligro. No me llamaron de LT14, ni de la Radio Municipal. Tampoco de los canales. Somos Paraná prácticamente no tiene programación en vivo. Está jubilando a toda la gente. Quedan muy pocos. Por eso, voy a hace mi programa en Facebook. Tengo mi público, que es la familia, y que me sigue. He recibido muchísimos mensajes de gente que está contena con mi vuelta», contó en 2022, cuando ya estaba en el ostracismo mediático.

Entonces, contó que seguirá hasta que ya no pueda caminar: lo dijo con tono de sentencia firme. «Voy a estar en los medios hasta que no pueda caminar. Ahora camino con un bastón. Después, me voy a dedicar a escribiar. Ya lo hice antes, cuando hacía un suplemento. Ahora voy a estar en Facebook. Me adapto, porque tengo cosas para decir», suelta.

A los 23 años conoció a Mario Alvarez, su esposo para siempre, padre de sus tres hijos. Tuvo un noviazgo de año y medio por carta -cada uno viviendo en cada extremo de la provincia, Paraná y Concordia- y por amor, dice, frustró la continuidad de su carrera en los medios en Buenos Aires. Se quedó en Paraná y acá echó raíces. Dos de sus hijos están acá; el tercero, en Estados Unidos.

De los recuerdos que no habla de los años de plomo de la dictadura, cuando debió refugiarse en Victoria y hacer radio allá. «Nos echaron a Manuelito (Lencina) y a mí de LT14. Dijeron que era por ser posible o real elemento de perturbación. Pero no hablo mucho de ese tema. «El militar que estaba a cargo de la radio de Victoria me ponía los peores horarios para hacer locución», cuenta.

Solía repetir  los versos de Almafuerte que se sabe de memoria -«No te des vencido ni aún vencido».

 

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora