“En estos tiempos del coronavirus les pregunto a los abortistas , qué se siente querer vivir y que el virus decida por ti?”.

El comentario lo publicó en su muro de Facebook el cura Leovigildo Raúl Escorcia este sábado en el marco del estado de preocupación que generó el estado de emergencia sanitaria y el aislamiento social obligatorio que empezó el viernes y que se extenderá hasta el próximo 31 de marzo  .

Y contrasta claramente con los mensajes que ha dado a conocer la Iglesia Católica, que asumió una actitud responsable y que suspendió las misas con fieles y recomendó a los sacerdotes mantener los templos abiertos, acompañar a los católicos y sostener los oficios religiosos mediante el uso de redes sociales y los canales que ofrece la tecnología.

El cura realizó un juego de palabras con la postura que tienen los sectores ue defienden el aborto seguro legal, seguro y gratuito que sostiene la autonomía para que la mujer disponga sobre su propio cuerpo.

¿Quién es Escorcia?

El cura Leovigildo Escorcia, oriundo de Rosario, se radicó en Paraná en 2013 y se convirtió en el responsable de la casa general de la Cruzada del Espíritu Santo, la congregación religiosa que da cobijo al cura sanador Ignacio Peries, y que hoy tiene como cabeza al colombiano Henry Wilson Echavarría, residente en Texas, Estados Unidos. La sede de la Cruzada se ubicó en una casa de barrio, en la calle Comandante Espora al 500, cerca del Club Don Bosco.

El fervor hacia el padre Ignacio creció luego de que en 2012, y por primera vez, el sacerdote sanador encabezara una multitudinaria misa en Paraná, en la parroquia del Sagrado Corazón. Pero se fue apagando luego del escándalo de los abusos que cometió uno de los suyos, Juan Diego Escobar Gaviria, denunciado en 2016, condenado en 2017 a 25 años de cárcel por abuso y corrupción de menores.

Escorcia, el padre Ignacio y Escobar Gaviria surgieronde la Cruzada del Espíritu Santo. La Cruzada del Espíritu, entonces liderada por el cura Ignacio Peries, de la parroquia Natividad del Señor, de Rosario, comenzó a poner pie en Entre Ríos en 2006, bajo el gobierno de Mario Luis Bautista Maulión, que fue arzobispo entre 2003 y 2010.  Entonces, llegó una oleada de curas de esa congregación, la mayoría extranjeros: dos colombianos, Juan Diego Escobar Gaviria, condenado 25 años de cárcel por abusos y corrupción de menores, y Hubeimar Alberto Rua Alzate, ahora denunciado por abuso de menores.

Se acercó a la Cruzada del Espíritu Santo en el año 2000, luego de leer en una revista del cable de Rosario una nota a quien ahora es el superior general de la congregación, Henry Wilson Echavarría, entonces formador en la casa de la orden religiosa, en Rosario. Ninguna revelación, ningún mensaje divino, nada de dios ni la virgen acercándosele en una esquina cualquiera de Rosario. Nada de eso: leyó una nota en la revista del cable, y entonces dejó el trabajo que realizaba entonces: empleado de comercio.

“Yo trabajaba en un comercio, y escuchaba a la gente que iba al padre Ignacio, pero no sabía quién era. Nunca lo había visto, no sabía nada de él. Lo llamativo es que yo estaba en el servicio sacerdotal de urgencia, en la comisión directiva, y nunca había escuchado de la fama del padre Ignacio. Pero el padre Ignacio me había llamado y yo lo había atendido por asuntos del servicio sacerdotal. Pero sin saber quién era. Nunca le di importancia. Después, con el correr de los años, me interesé por la congregación, de su carisma, y empecé a conocerlo más. Hace 15 años que estoy, y muy agradecido con él, por lo que me ha dado. Es un sacerdote de gran corazón», declaró en 2013.

En la causa por abusos de Escobar Gaviria, Escorcia se ubicó desde el vamos del otro lado de la vereda: en agosto pasado de 2017, cuando tuvo lugar el juicio oral al cura Escobar Gaviria, en Gualeguay, acompañó al pequeño grupo de seguidores del ahora reo y rezó con ellos en una plaza, frente a Tribunales.

Con el escándalo de los abusos y corrupción de menores de Escobar Gaviria y la condena judicial, la Cruzada del Espíritu Santo, primero, se desprendió de la casa que tenía en Paraná, y, luego, se llevó a Escorcia de Entre Ríos y lo afincó en Rosario.

De la Redacción de Entre Ríos Ahora