Los trabajadores de El Diario protagonizaron hoy una ruidosa protesta en la calle para reclamar por las deudas salariales: la empresa editora, Sociedad Anónima Entre Ríos (SAER), controlada por el empresario urribarrista Ramiro Nieto y el ministro de Agroindustria de la Nación, Luis Miguel Etchevehre, sus dos hermanos y su madre, adeuda salarios de septiembre, octubre y noviembre.

Los trabajadores protagonizaron una importante asamblea en el frente de El Diario, en Urquiza y Buenos Aires, y después se movilizaron, primero, a la Secretaría de Trabajo, y después a Casa de Gobierno, donde fueron recibidos en la explanada por la ministra de Gobierno, Rosario Romero. La funcionaria escuchó el reclamo de los trabajadores y prometió dar intervención a Trabajo.

Hasta ahora, han sido infructuosas las negociaciones: ha intervenido la Defensoría del Pueblo, la Secretaría de Trabajo y hasta la Justicia. La última resolución de Tribunales es la del camarista Marcelo Baridón, que rechazó la vía del amparo al a que acudieron los periodistas de El Diario para conseguir hacerse con su salario.

La situación de los trabajadores es angustiante, y el futuro de un medio centenario, incierto.

El periodista Jorge Riani escribió un panorama desolador sobre el desguace que soportó desde el urribarrismo para acá El Diario.

«Muerto Zahorí Etchevehere, pero antes que él muerto su padre Arturo J. Etchevehere, los descendientes jugaron a la payanca con los bienes del medio impreso y en sus manos quedaron casi todas las piezas.

«A El Diario lo despojaron de sus bienes primero y ahora le clavan una librería de misales y le transforman el salón “Florencio Varela” como extensión de esa cuña clerical. “Florencio Varela” se llamó al salón en homenaje al escritor, poeta, activista que formó parte de la ilustrada Generación del 37.

«Pero hasta los Varela fueron cambiados en El Diario. Porque en el Salón “Florencio Varela”, que dejó de ser Salón “Florencio Varela” del mismo modo que El Diario dejará de ser El Diario, una señora de apellido Varela, casualmente, fue a dar una charla este viernes 27 de septiembre en contra del aborto. Hablamos de Mariana Rodríguez Varela, hija de quien fuera ministro de “Justicia” del dictador Jorge Rafael Videla y defensor suyo en las causas de violación de los derechos humanos y robo de bebés, Alberto Rodríguez Varela.

«Esa fue la actividad que se vivió el viernes a la noche sobre el cadáver de El Diario. Afuera, los trabajadores de la Redacción protestaban, entre los que estaba el autor de esta reseña, porque hace tres años que los sueldos se pagan en cuentagotas y por tantas cosas más que sería abundar innecesariamente sobre una situación ya conocida por toda la ciudad.

«Para acentuar el absurdo, un grupo de jovencitos de pelo prolijamente cortado, “custodió” la entrada a la sede e hizo un cordón para que los subversivos marxistas que pueblan la redacción no molesten a las señoras católicas que fueron a escuchar a la hija del doctor Rodríguez Varela.

«Mezclado con los niños custodios estaban los trabajadores de El Diario celebrando, irónicamente con una torta, los tres años de cobro interrumpido y otras delicias del momento. El dibujo del Quijote y Sancho de Picasso, que El Diario convirtió en logotipo, estaba, a modo de repostería, donde tenía que estar: sobre la torta de los trabajadores y no sobre los misales de los intrusos. No les importa mucho a ellos dónde quedó el Quijote; la torta que se comieron es mucho más grande que la de bizcochuelo de los trabajadores.

«Acompañando y dando apoyo moral, anímico y político a los periodistas había militantes de izquierda, como los candidatos a diputados nacionales Nadia Burgos y Luis Meiners, ambos del MST Nueva Izquierda.

«Había otros muchos militantes sociales y políticos comprometidos, acompañando a los trabajadores en su festejo-protesta realizado en el hall del edificio que pronto deberán desalojar. Había también una chica trans que contó que antes de que el nombre Luisa se ajustara a su identidad sexual, iba a El Diario, a corta edad, a ver a una trabajadora gráfica que era su madrina. Conocía los talleres de aquella vieja editorial de libros que tuvo El Diario, llamada “Editorial de la Mesopotamia”, y que también fue desguazada hace ya varios años.

«Viendo a Luisa ahí parada, erguida en su dignidad y acompañando a los trabajadores, este cronista recordó lo que en media docena de oportunidades le dijo aquel director al que nos dirigíamos diciéndole “doctor” pero llamábamos Zahorí cuando nos referíamos a él en tercera persona. Dijo Zahorí: “El Diario debe ser una célula viva que refleje a la sociedad toda, y hasta un travesti debería haber en la redacción”. Eso jamás lo entendieron ni no entenderían sus descendientes ni su viuda.

«Los candidatos de la izquierda, como se dijo, estaban en la calle. Mientras que en de charla ortodoxa participaba una desorientada diputada radical que no entendió que el diario de sus referentes partidarios, aquellos que trajeron democracia a la provincia allá por el año 1914, estaba siendo violado en las dos únicas cosas que le queda: su memoria y su archivo.

«Al archivo porque cuando la charla terminó, un grupo de personas contratadas continuó con la tarea de vaciar la vieja y rica biblioteca de la casona, donde se hacinará a todo el personal. A 103 años de historia encuadernada la llevaron ya, al menos eso, al Archivo Histórico de la Provincia. Por lo menos ahí van a estar mejor los libracos que atesoran años de publicación. Mientras que a la vieja biblioteca “Luis L. Etchevehere” la están arrinconando en oscuros galpones fuera de la ciudad.

«Es una alegoría muy fuerte ver sacar con cuerdas desde los altos pisos, atados de libros “La Ley”, ensayos de sociología, de historia, de arte para ir a tirarlos a un galpón, en el mismo momento que se inauguraba la “Librería San Pablo”.

«Invitado a decir algunas palabras megáfono en manos, este cronista algo de todo esto alcanzó a decir, y también a recodar que cada época tuvo a sus hombres y sus mujeres, hasta llegar a nosotros, y que hasta hace algunos años con su voz que aún parece resonar en la redacción enseñando el oficio, estuvo Guillermo Alfieri, que tras la cárcel que le impuso la última dictadura cívico-militar encontró también un lugar en El Diario.

«Dijimos que todo esto no les pasa solamente a los trabajadores. Le pasa a la ciudad toda. Le está pasando a la historia y al presente.

«Siempre se supo que Arturo J. Etchevehere no quería a su nuera. Más aún, que su nuera se escondía cada vez que lo veía llegar. Pero en la noche del viernes, su nuera dando órdenes a los niños custodios de las buenas costumbres, sacando fotos a sus empleados que protestaban, bailó el chachachá sobre la tumba de su difunto suegro. Desalojó El Diario que ayudó a hacer fuerte el viejo y se mofó de la historia de librepensamiento de su obra.

«La charla del viernes sobre la sede de El Diario fue, como diría el cantautor de Úbeda, tan patético e inesperado episodio, un absurdo tan grande como sería ver a Trotsky en Wall Street fumar la pipa de la paz, o como ver a Lenin y Sza Sza Gabor casándose en New York.

Y uno no sabe si reír o si llorar.»

De la Redacción de Entre Ríos Ahora