Mariana Espósito -Buenos Aires, 10 de octubre de 1991- es para todos Lali, la reina del pop argentino que llenó Vélez, que agotó River, que le habló de tú a tú al presidente Javier Milei y que le dedicó una canción, “Fanático”, pero también es esa adolescente surgida de la factoría Cris Morena, pero que en 2015 llega a protagonizar “Esperanza mía”, que filmó en España una serie disruptiva, “Sky Rojo”, pero que no quedó solo en una cara de la TV.
Lali es ahora ese fenómeno que copó Paraná este caluroso sábado de febrero, en la previa de la segunda y última noche de la Fiesta Nacional del Mate, que la tendrá como número centralísimo. Un ejército de adolescentes hizo cola desde la madrugada para alcanzar el mejor lugar, para estar cerca de la cantante, bailar y cantar sus temas. Como Yazmila, que viajó de Rosario a Paraná, y esperó horas, abanico en mano, que se abriera el sector preferencial en Plaza de las Colectividades; Fiorella, que también viajó de Rosario, dijo: “Lali significa todo para mí”. Juli, de Paraná, siente “admiración y locura. Labura desde chica, y se hizo sola. Amor puro por ella”. Antonella, de Paraná, la ubicó como “un ícono para mí. Es una mujer muy laburante. La amo”. Tadeo, admirador de Lali, dijo que “sus canciones me levantan mucho el ánimo”.
Un perfil que publicó de Lali la revista Anfibia dice: “Lali es querida como patrimonio nacional. Si no lo fuera, ya debería haber un hartazgo colectivo: sólo en el último año fue payasa y mentora en La Voz de Telefé, protagonizó Sky Rojo en Netflix, hizo de una Tamara Tenenbaum ficcionada en El Fin del Amor de Amazon. También fue columnista woke en la TV española y, coronando su omnipresencia, la voz cantante del himno argentino en la final del Mundial. Estudios de mercado de una de las marcas que la tienen como cara le dan un reconocimiento del 98 por ciento, con una imagen positiva estable en el 80 por ciento. Dicen que es cercana, moderna, amable y un montón de atributos que la hacen perfecta para asociarla a los productos que más venden”.
Y más: “A Lali se la quiere por heroína de clase trabajadora, la piba de Parque Patricios que la pegó. Después de más de 20 años de carrera en casi todos los rubros de la industria del entretenimiento, de navegar los altibajos de crecer en el ojo público y de formar una empresa alrededor de sí misma, seguramente es mucho más que esa fachada de encanto popular con media-training. Aún así, le pedimos que la performee, como cuando explica paso por paso cómo armar un fernet en una botella de gaseosa cortada. ¿Es de alguna forma un acting? Sí. ¿Se siente sincero? También. A Lali el país le compra un auto usado. Pero hay otra Lali que no es tan de todos, la que hace música. Esa Lali es de algunos, que no son suficientes para ponerla en los primeros puestos de las métricas del presente como Spotify y YouTube, pero sí para convertirla en la primera mujer argentina que agota el Estadio Vélez y llena venues por todo el país. Hoy todos ellos, ellas y elles están bien comidos, porque Lali sirvió un banquete. Es su mejor disco y, sobre todo, el que nos da a las maricas justo lo que queríamos: la versión de ella que más se parece a lo que ha soñado de sí misma. Y es posible que a muchos no les guste ni un poco. ¿Hay algo más para decirles que un rotundo “Quiénes son”?”.
Fotos: Mauricio Garin
De la Redacción de Entre Ríos Ahora










