La calle es una de las pocas que se internan camino al río y que está pavimentada en su primer tramo: calle Pedro Londero.

Toda esa zona, al costado del Acceso Norte, era monte chato, zona de quintas, campos sembrados. Era. Ahora ya no. Las urbanizaciones crecen en la zona, y avanzan sobre el verde que antes cubría todo.

En ese avance, la ciudad perdió una parte de su patrimonio arquitectónico: la casa del Pintor de la Patria, Cesáreo Bernaldo de Quirós.

De esa propiedad, que había sido ganada por la maleza y que había soportado el vandalismo, quedaban las paredes en pie, y el recuerdo del esplendor que supo tener.

Pero ya ni eso. Nada queda de la Casa de Quirós.

La casa, lo que fue la casa, las ruinas que se mantenían en pie, se ubica a unos mil metros del Centro Mariápolis.

Cesáreo Bernaldo de Quirós la compró en 1938, algún tiempo después de instalarse en la ciudad, más precisamente en la casona de Puerto Viejo. Quirós compró, concretamente, un predio de 260 hectáreas, con un amplio parque sobre el río donde “encuentra la tranquilidad de conectarse con la naturaleza que tanto anhelaba”, revela Ignacio Gutiérrez Saldivar en el libro Quirós.

En El Mojón, como nombró a su estancia, el pintor emprendió una nueva etapa de su vida y de su forma de vincularse con el arte y con el mundo. Así lo afirma Gutiérrez Saldivar y recuerda las frecuentes tertulias donde acudían, entre otros, el padre Dobler, Oscar Reula, los Nux y los Aranguren.

En ese rincón alejado, Quirós planeó además un espacio definitivo para sus obras, ya como legado para las generaciones siguientes, para su pueblo.

Pero la familia del pintor vendió la propiedad con todas sus hectáreas y si bien desde la Municipalidad hubo una intención de adquirir el predio para realizar un homenaje al artista, nunca se llegó a concretar.

El 11 de abril de 1995 la residencia de Cesáreo Bernaldo de Quirós fue declarada de interés municipal entre otros 49 edificios de Paraná. De esta manera quedaba sujeto al programa de Preservación Cultural, Histórico, Monumental, Arquitectónico y Urbanístico de la ciudad y debía ser preservado en su totalidad. La casa, claro, ya está completamente destruida.

Pero ya no queda nada en pie.

Solo un pilar de ladrillos. La única muestra del esplendor que fue de una residencia en la que el pintor había puesto un cartel que decía: «Después de Dios, la casa de Quirós».

De la Redacción de Entre Ríos Ahora