Un informe del Centro de Investigación Social y Política de Entre Ríos (Cisper) sobre el aguinaldo refleja que este ingreso extraordinario dejó de representar una oportunidad para mejorar la calidad de vida y pasó a convertirse, para la mayoría de los trabajadores entrerrianos, en una herramienta para sobrevivir. El 75,6% lo usó para pagar deudas y hacer consumos corrientes. Mientras que anteriormente se destinaba a vacacionar o al ahorro, ahora más de la mitad lo destinó a atender obligaciones financieras.

El trabajo investigativo de Cisper buscó otorgarle dimensión y analizar variables de empleo y consumo en el contexto del cobro del medio sueldo anual complementario en la provincia.

Ese endeudamiento de subsistencia, que en un primer momento sostuvo el consumo, hoy es un gran limitante para la capacidad adquisitiva de los asalariados, que destinan buena parte de sus sueldos al pago de deudas e intereses.

“Aguinaldos empeñados” es un trabajo basado en un relevamiento mixto, virtual y presencial, con 400 casos de la provincia, concentrados en su mayoría en la ciudad de Paraná. El estudio se realizó sobre ciudadanos mayores de 18 años, con y sin empleo, con actividad en el sector público y privado.

El informe revela que la mayoría de los trabajadores que perciben el aguinaldo lo destinaron o pensaban destinarlo a pagar o saldar deudas, con un fuerte cambio en el comportamiento de consumo respecto de la finalidad para la que se lo utilizaba. Mientras que ahora se emplea para cancelar pasivos o sostener consumos en general, antes se utilizaba principalmente como ahorro o inversión, para vacacionar o realizar actividades de ocio y para adquirir bienes. Por otra parte, el trabajo permite avizorar el alcance que este derecho de los trabajadores efectivamente tiene en la población: mientras que en el sector público el sueldo anual complementario tiene un amplio alcance, en el sector privado 1 de cada 3 trabajadores no lo percibe. Este dato da dimensión de la presencia de relaciones laborales informales y precarias en la esfera privada, concordante con lo que las estadísticas de empleo reflejan a nivel nacional.

Otro de los elementos que podemos ver en este estudio es la presencia del aguinaldo según grupo etario: menos de la mitad de los menores de 30 años con empleo lo cobran. Asimismo, además de otros aspectos sobre el empleo que se desprenden del relevamiento, también vale la pena destacar la percepción respecto de la situación económica de los encuestados: el 65,7 % de los participantes dijo estar peor que un año atrás y solo el 12,4 % afirmó estar mejor.

Estos resultados, además de proporcionar una mirada adicional a los numerosos trabajos que reflejan la crisis que atraviesan los trabajadores, ofrecen cierta trazabilidad de la que es probablemente la principal causa de la complicada situación de comercios, pymes y empresas: la caída de las ventas. Los salarios que hoy se drenan por la canaleta del endeudamiento y los intereses, los aguinaldos que fluyen hacia ese mismo destino, son los clientes que les faltan a los comercios y las empresas.

Los aguinaldos que se destinan a pagar deudas representan entrerrianos que no viajan, que no compran, que no adquieren electrodomésticos, que no pueden encarar arreglos en sus casas y que no ahorran para invertir. Lo que históricamente funcionó como un ingreso extraordinario destinado al descanso, la inversión o la mejora del bienestar familiar hoy aparece absorbido por la necesidad de cancelar deudas y sostener gastos corrientes. Cuando el aguinaldo deja de ampliar las posibilidades de consumo para convertirse en un mecanismo de supervivencia financiera, no solo se deteriora la calidad de vida de los trabajadores: también se debilita el mercado interno y se resiente el entramado productivo local. Porque una economía en la que el aguinaldo se empeña para llegar a fin de mes es una economía que ha reemplazado el desarrollo por la supervivencia, refleja el informe.

 

 

Grupos etarios y sector de actividad

 

El relevamiento se dividió en cuatro grupos etarios: 18 a 29 años, 30 a 45 años, 45 a 65 años y mayores de 65 años. Con ese criterio se encuestó a las personas independientemente de tener o no empleo y, en caso de tenerlo, se consultó si percibía o no aguinaldo.

 

 

El 52 % de los encuestados con empleo pertenecía al sector público, mientras que el 48 % se desempeñaba en el sector privado.

Del total de encuestados, el 91,7% dijo estar empleado y el 8,3% dijo no poseer empleo. Entre los que poseen empleo, el 76,3% dijo percibir aguinaldo, mientras que el 23,7% manifestó no cobrarlo.

 

Alcance por actividad y edad

En cuanto al alcance del aguinaldo por sector, hay una marcada diferencia entre el sector público, donde alcanza el 89,4% de los trabajadores mientras que en el sector privado solo comprende al 62,3% de los empleados. De ese dato se desprende que 1 de cada 3 trabajadores del ámbito privado no percibe el sueldo anual complementario.

Otro de los elementos en donde aparece una disparidad importante es en el análisis del alcance del aguinaldo según grupo etario, en donde se observa que en el segmento de los menores de 30 años, menos de la mitad lo percibe. Luego la cobertura va creciendo conforme al grupo etario, describe el informe.

En cuanto al desempleo, también se evidencia una marcada diferencia entre edades. El grupo de 18 a 29 años registra el mayor nivel de desocupación del relevamiento, mientras que dicho porcentaje disminuye progresivamente en los grupos de mayor edad.

 

 

Destino del aguinaldo

Lejos del histórico rol que desempeña el aguinaldo como ingreso extra para destinarse a finalidades para las cuales no se suele destinar el salario, el medio aguinaldo en esta coyuntura tuvo un destino atípico: abono de obligaciones financieras, consumo corriente y bienes no durables.

 

 

El relevamiento de este estudio determinó que el 55,2% de los que lo perciben lo utilizaron para afrontar deudas. Por otro lado, el 21,3% dijo utilizarlo para consumo en general; el 15,3% lo destinó a ahorro y/o inversión; 3,8% dijo utilizarlo para vacaciones y/o recreación y el 3,8% restante lo utilizó para adquirir bienes.

De esta manera, el 76,5% utilizó el aguinaldo para pagar deudas o para consumo en general, lo que se podría interpretar como un destino de «supervivencia».

Al consultar si el destino del aguinaldo cambió respecto de años anteriores, el 76,1% respondió que sí, mientras que solo el 23,8% manifestó mantener el mismo uso.

Respecto de los destinos habituales que tenía el aguinaldo en años anteriores, predominaban las vacaciones o recreación, el ahorro o inversión, el consumo en general y la adquisición de bienes, mientras que pagar o saldar deudas ocupaba un lugar claramente secundario.

La comparación entre el destino que los encuestados le daban al aguinaldo en años anteriores y el que le dan hoy revela un cambio de comportamiento profundo, no un simple reacomodamiento de prioridades.

Los números hablan por sí solos: pagar o saldar deudas pasó de ser el destino de apenas el 10,9% de los encuestados a concentrar el 55,2%, la variación más grande de todo el relevamiento. En simultáneo, vacaciones y recreación, que antes lideraba con el 33,8% de las menciones, se desplomó a un 3,8% (-29,4 puntos porcentuales), y el ahorro o inversión perdió 8,9 puntos.

 

Percepción sobre situación económica

La percepción sobre la situación económica personal confirma el clima de deterioro que se refleja en el resto de la encuesta. El 65,7% de los encuestados considera que su situación económica empeoró respecto a un año atrás, mientras que apenas el 12,4% percibe una mejora. El 21,9% restante siente que la situación se mantuvo igual. Esta lectura subjetiva es coherente con los datos objetivos relevados sobre el aguinaldo: para la mayoría, ya no es un ingreso destinado a mejorar la calidad de vida, sino una herramienta para sostenerla frente a un contexto que perciben, mayoritariamente, como más difícil que el año anterior.


De la Redacción de Entre Ríos Ahora