El Vaticano confirmó de manera definitiva que el cura Carlos Miguel Buela –el cuestionado sacerdote argentino ya fallecido que fundó en 1984 en San Rafael, Mendoza, el Instituto del Verbo Encarnado (IVE) y el de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará (SSVM)– fue culpable del delito de abusos sexuales.

El Tribunal Penal Especial de primera instancia como el de Apelación, constituidos por la autoridad competente de la Iglesia, alcanzaron “la certeza moral” de su responsabilidad “por la comisión de un delito contra el sexto mandamiento, perpetrado con violencia contra varias personas, en conformidad con el can. 1395 § 2”, informó un comunicado de la Santa Sede.

La decisión fue notificada por la hermana Simona Brambilla, prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, el “ministerio” del Vaticano que se ocupa de los religiosos y religiosas de todo el mundo; por monseñor José Antonio Satué Huerto, obispo de Teruel y Albarracín, España, y la hermana Clara Echarte. Se trata, en el caso de estos dos últimos, de los dos delegados papales –monseñor Satué para la rama masculina y sor Echarte para la rama femenina– designados por Francisco poco antes de morir, en enero de 2025, para acompañar a los dos institutos creados por Buela, un abusador sexual, tal como se confirmó en forma definitiva.

Buela, que murió el 23 de abril de 2023, estaba recluido en un monasterio en Génova, Italia, luego de haber sido suspendido en 2010, tras ser acusado de abuso sexual por cerca de veinte seminaristas desde la década de 2000.

En 2001, la curia argentina había promovido el cierre del IVE y de las SSVM, pero desde el Vaticano –con Juan Pablo II como Papa– llegó un aval para que la sede de esta congregación conservadora se trasladara a Italia, a la diócesis Velletri-Segni, cercana a Roma.

Como las víctimas de Buela no eran menores, sino adultos vulnerables (seminaristas y religiosas), su caso, al principio en la entonces llamada Congregación para la Doctrina de la Fe, pasó luego a estar bajo la órbita del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. Vatican News, el portal del Vaticano, recordó que el cardenal español Santos Abril y Castellò fue comisario pontificio del IVE tras graves problemas internos relacionados con la gestión del instituto y las ya mencionadas acusaciones de abuso de poder y conducta sexual inapropiada contra su fundador.

En el invierno de 1995, y durante el período de receso escolar, el entonces arzobispo de Paraná, Estanislao Esteban Karlic, descabezó al equipo de formadores del Seminario Arquidiocesano de Paraná, ubicado en la zona del Brete, y esa medida derivó en pintadas agresivas en su contra. El miércoles 24 de julio de 1985, El Diario, de Paraná, se ocupó del asunto. Le dio especial desarrollo dentro de los temas locales, y tituló así: “Modificaciones en el Equipo de Superiores del Seminario. Pintadas ofensivas contra Monseñor Estanislao E. Karlic”.

Luego de dar cuenta de los movimientos, la crónica señala. “En cuanto a las pintadas –con aerosol—todo indica que fueron realizadas en la madrugada del lunes último, antes de la reunión de monseñor Karlic con el Presbiterio. No tienen firma e incluyen palabras ofensivas para el Arzobispo, sacerdotes y movimientos eclesiales”. Entre otros, se fueron Alberto Ezcurra y Alfrezo Sáenz, representantes del integrismo católico, reacios a los cambios del Concilio Vaticano II.

La saluda de Ezcurra y Cía, provocó una diáspora de sacerdotes y seminaristas, que dejaron el Seminario de Paraná y recalaron en Mendoza.

La mayoría recaló en la diócesis de San Rafael, Mendoza, cobijados por el obispo León Kruk, adonde en forma contemporánea había comenzado a germinar el Verbo Encarnado

Reacio a la modernización de la Iglesia derivada del Concilio Vaticano II, Buela creó en 1984 el Instituto del Verbo Encarnado. Y eligió como sede la diócesis mendocina de San Rafael, a cargo en esos años de monseñor León Kruk, uno de los obispos más conservadores del Episcopado.

Pronto, el Seminario de Buela se convirtió, junto con el Seminario diocesano de Kruk, en el principal bastión de formación religiosa de la corriente más conservadora en el catolicismo.

Al remover piezas en el Seminario, Karlic ubicó a Agustín Kaul como nuevo rector –cargo que mantuvo apenas un año–; a Luis Jacob, como vicerrector; César Raúl Molaro (numerario del Opus Dei), como director espiritual; y como prefecto de estudios, Héctor Quijano Guesalaga; también ocuparon cargos en el equipo de formación Juan Carlos López, Máximo Hergenreder, Juan Alberto Puiggari y Justo José Ilarraz.

Buela, como fundador del Instituto del Verbo Encarnado (IVE), recibió la “gracia fundacional”. La recibió la mañana del 3 de mayo de 1981. A la tarde, después de dormir la siesta, se convenció de que eso que escuchaba sin escuchar era un llamado de Dios a fundar una orden religiosa.

Le comentó ese pensamiento a algunos conocidos y amigos sacerdotes, y el 13 de julio de 1981 entre todos organizaron una reunión en Vicente Casares, provincia de Buenos Aires, de la que participó un grupo selecto: los sacerdotes Gastón Dedyn, Alberto y Álvaro Ezcurra, Carlos Lojoya, Carlos Nadal, Luis Rodrigo, y Alfredo y Ramiro Sáenz, además del propio Buela.

Entonces, ni lerdos ni perezosos, redactaron las primeras constituciones de la futura congregación.

El 7 de octubre de 1983 el obispo León Kruk comunicó oficialmente la decisión de aceptar la nueva orden en su diócesis, San Rafael, y un año después empieza a funcionar la casa de formación de sacerdotes.

Y como era de esperar, los que se habían ido del Seminario de Paraná recalaron en esa ciudad mendocina.

Por eso, y sabedor de la purga ocurrida aquí en julio, el 6 de agosto de 1985 Buela le solicitó a Karlic informes sobre ex seminaristas del Seminario de Paraná que deseaban ingresar en la Congregación, de manera especial, “si alguno de los mismos ha incurrido en faltas graves”.

El 14 de de ese mes desde aquí le contestan que no tenían “conocimiento (de la existencia) del Instituto religioso en formación…por ello no corresponde responder a su pedido”.

Buela siguió adelante con su obra y, a pesar de los cimbronazos, y la investigación que ordenó el Vaticano por “desobediencia” al Episcopado, el IVE continuó firme, y en crecimiento permanente.

Los que se fueron de Paraná a Mendoza, en aquella sangría eclesiástica de 1985, nunca regresaron, y de aquella división, tajante, no se volvió a hablar en el Seminario de Paraná.

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora