Por Francisco Albarenque Rausch (*)

Ayer terminé de ver “Cautiva”.

«Ver», sin audio ni subtítulos. Hace un par de semanas la había escuchado, sin imagen, para amortiguar el impacto. Como tenía muchos conocimientos previos del guión, no fue difícil ir imaginándome la serie mientras la escuchaba.

Pude disfrutar de la música original de la serie, muy funcional a la trama. En cuanto a la música no original, se destaca el Miserere mei, Deus, de Allegri, basado en el salmo 50, utilizado en los momentos de disciplina, según las Constituciones de 1990 de la Orden de Carmelitas.

En un momento de la serie, la música simboliza liberación: Clara escucha Será, de Las Pelotas, con auriculares tipo vincha, en el comedor de su casa. Mientras escuchaba esa secuencia, yo estaba en el comedor de la casa de mi mamá, donde vivió Silvia cuando salió del monasterio, viendo un escenario muy similar al que aparece en la serie: una escalera que lleva adonde estaba su pieza, una heladera, portarretratos e imágenes religiosas. Yo tenía puestos unos auriculares iguales a los que Clara usa en la ficción y tomaba algunos apuntes mientras sonaba la música.

Una conexión parecida sentí cuando Nicolás le dice a la periodista: «Leí cosas que no tendría que haber leído». Mientras sonaba ese diálogo, yo miraba el lugar exacto donde había estado la computadora en la que Silvia escribió parte de su historia y en la que yo la leí sin su permiso, tomando contacto por primera vez con algunas de las realidades horribles que se ven en la serie.

Sabiendo que la entrevista que Martina Robles le hace a Clara tenía lugar en una estación de servicio (capítulo seis), decidí escuchar ese capítulo en la estación de servicio donde había ocurrido la entrevista en la vida real. Me puse los auriculares y escuché allí la escena. La ficción transcurría en mis oídos mientras yo contemplaba el escenario de los acontecimientos reales, y ahí aprendí de Clara y de Silvia.

Habiéndola escuchado, este fin de semana decidí ver la serie sin sonido y así descubrí nuevos detalles que era imposible detectar por lo auditivo. El cigarrillo y la jardinería acompañan toda la serie, casi como si fueran una música de fondo. Al comienzo del capítulo tres (en el inicio del priorato de Cecilia) se ve una línea amarilla en el locutorio, que pone distancia entre la reja y la silla donde se sienta el visitante. En la realidad no había una cinta amarilla. Al comienzo del priorato de Toledo había una mesa contra la reja del locutorio para evitar que nos aproximáramos. O para fomentar un alejamiento.

Al ver la serie también me llamó la atención el texto que Clara escribe en su computadora. Al detenerme a leerlo, pude reconocer que se trataba del comienzo de la declaración de Silvia en el juicio de 2019. Clara escribe aquello que Silvia declaró.

Mi experiencia con “Cautiva” también estuvo atravesada por otro aspecto: haber seguido de cerca el proceso de grabación. Conocer las distintas locaciones y saber en qué momento se filmaron determinadas escenas me permitió apreciar mejor el trabajo cinematográfico necesario para construir una continuidad que, para el espectador, parece natural. A modo de ejemplo, cuando Clara entra al Carmelo, las imágenes exteriores del convento y el hall de entrada fueron filmadas en el Colegio Máximo, en noviembre. En cambio, los interiores del convento y el patio interno se rodaron en una locación del barrio de Flores, en octubre. En cuestión de unos pasos, Clara nos traslada de un lugar a otro y de un mes a otro. Para el espectador, sin embargo, nunca hubo un cambio de escenario: simplemente la vemos entrar al convento.

Viendo la serie, la escena que más me fascinó es el final del capítulo tres. Allí se entrecruzan dos acontecimientos: la muerte de Lucrecia y la tentación de Clara de regresar al convento. Cuando Clara se acerca, ve ingresar a una nueva postulante. La ve comenzar un camino que ella ya conoce y del que intenta escapar. En ese instante empieza a comprender que, si no habla, la historia puede repetirse.

Me interesa pensar esta escena desde una perspectiva psicoanalítica, particularmente a partir de la tensión entre Eros y Tánatos, entre la pulsión de vida y la pulsión de muerte. Volver al convento habría significado, para ella, una forma de renunciar a la vida que comenzaba a recuperar. Una vida que a Lucrecia se le impidió vivir.

Y qué decir de la forma en que llegan Cecilia y Clara al lugar de la primera audiencia del juicio… Resalta la diferencia entre los autos: Cecilia llega en uno muy caro; Clara y su familia, en uno mucho más sencillo. La imagen me lleva directamente al juicio de 2019. Toledo, defendida por algunos de los mejores abogados del país, cuya contratación fue pagada por el entonces arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari, aparece asociada en la ficción a ese auto caro. Pero la verdad es más fuerte, aunque llegue en un auto sencillo.

 

 

(*) Francisco Albarenque Rausch participó de la producción de “Cautiva”. Es hermano de Silvia Albarenque, en cuya historia se basó la serie de Flow, TNT y HBO.