El celeste y blanco fue el color de moda en este invierno.

Los escaparates tenían banderas, el fútbol fue tema excluyente de las conversaciones, pocos, casi nadie permaneció ajeno al destino del balón allá en el Norte caluroso y opulento.

En días helados, la gente se convocó frente a una pantalla desangelada cerca del shopping de calle Pelegrini, sentados en el piso, y alentó, y vibró, y lloró, y cantó, y festejó los goles de Messi y de los muchachos.

Un bar de Plaza 1° de Mayo hizo lo propio, y entonces congregó a muchos. Otro día, apareció otra pantalla en la esquina de San Martín y Urquiza. Pero la iniciativa no prosperó.

La ciudad perseveró, se esforzó, abrió el corazón y sufrió con la Selección.

Se grabaron reels, se postearon galerías de fotos, se hicieron publicidades con los éxitos.

Una lástima el final, pero los finales son así.

Sin organización, desorganizados, espontáneos, los festejos coparon Plaza 1° de Mayo. Como después de la seminal frente a Inglaterra, la celebración cumbre.

Ahora, toca sacarse la camiseta y vestir los colores de este tiempo: quitarse el maquillaje, y los gorros, mutear las canciones de hinchada, esperar la llegada del colectivo y tachar los días en el calendario hasta lo que alcance el sueldo.

 

 

 

Fotos: Mauricio Garín

De la Redacción de Entre Ríos Ahora