El domingo 1o de marzo de 2011, una multitudinaria marcha de mujeres abrazó las calles del centro de Paraná.

Las organizadores del Encuentro Nacional de Mujeres que ese año tuvo por sede la capital entrerriana hablaron de 30 mil mujeres en las calles.

Como fuere, el centro de Paraná tuvo una presencia masiva pocas veces vista: entonces, diez años atrás, el aborto legal era una consigna y la Iglesia Católica, férrea opositora, centro de las principales críticas.

En ese Encuentro Nacional de Mujeres, los principales templos de la ciudad fueron vallados y la Policía dispuso escudos humanos ante la marcha de cierre del domingo 10 de octubre. «Saquen sus rosarios de nuestros ovarios, y sus medallitas de nuestras conchitas», coreaban las chicas.

En las inmediaciones del Colegio del Huerto, en Urquiza y Papa Francisco, una compacta fila de hombres, con rosarios al cuello, rezaba mientras las mujeres coreaban: «Iglesia, basura, vos sos la dictadura»; «Sí, señores, prohíben el aborto, los curas abusadores».

La escena más turbadora ocurrió en las escalinatas de la Catedral: allí el cura José María Pincemin, uno de los más duros defensores de la ortodoxia católica, realizó un exorcismo contra la marcha de las mujeres.

El rito se ofició para un puñado de fieles, dispuestos detrás de unas vallas de contención, resguardadas por la Policía. El exorcismo, entonces, pareció más una manifestación contraria a la marcha de mujeres.

La Iglesia apeló otra vez a ese método fuera de tiempo, un resabio del pensamiento mágico, el exorcismo, como forma de espantar la epidemia de coronavirus.

No hubo marcha ni público ni fieles. Tampoco un cordón de muchachos con rosarios al cuello como una década atrás.

La misa en la Iglesia Catedral fue oficiada por el vicario general Eduardo Tanger ante un puñado de de fieles que se acercaron el jueves 25, día en el que se celebra la fundación de Paraná. Ante la imagen histórica de la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad, Tanger realizó una “bendición deprecatoria contra la pandemia de coronavirus”.

“Y ahora hacemos un exorcismo: te expulso pestífera epidemia del coronavirus”, dijo Tanger, a modo de rezo.

«Para que te alejes rápidamente de nuestros campos, pueblos, ciudades, de nuestros hogares, y no permanezcamos más en ellos, y que te vayas a otros lugares en los cuales no puedas hacer daño a nadie. De parte de Dios todopoderoso, de toda la corte celestial y de la Iglesia santa de Dios que te expulsa”, pidió.

Después, dirigió sus rezos hacia la Virgen del Rosario, “para que ella aleje la pandemia de coronavirus”.

Entonces, instó que cada fiel haga ese pedido, y que la Virgen, “así como hizo el milagro alejando a los indígenas”, repita aquel gesto de los tiempos del primer cura párroco de Paraná, Francisco Arias Montiel, que salió con la imagen en procesión para pedir por el fin de una sequía, acabe con la pandemia.

Tanger, designado vicario general de la diócesis en 2012 -una especie de primer ministro del arzobispo-, en 2015 asumió como párroco de la Iglesia Catedral.

El viernes 20 de septiembre de 2019, Tanger declaró como testigo en el juicio que se le siguió al cura Mario Gervasoni por falso testimonio. Entonces, el vicario general no tuvo la firmeza que en sus diatribas contra la pandemia y los indígenas. Se amparó en sus vagos recuerdos y no pudo aportar nada a la Justicia.

Claro, Gervasoni terminó condenado por la Justicia y el vicario se olvidó del asunto.

Al parecer, se mueve más cómodamente exorcizando pandemias que la medicina de momento no sabe cómo combatir.

Foto de portada: Arzobispado de Paraná

De la Redacción de Entre Ríos Ahora