«No te vas a olvidar. Él -dijo, refiriéndose al secretario general de la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos (Agmer), Abel Antivero, y utilizando el apodo con el que lo conocen todos en el ámbito sindical- es ´Pachi´. Y yo soy ´Pochi´».
La anécdota la recordó Lía Soledad Fimpel, adjunta de Agmer. Ercilio «Pochi» Aimone se presentó así durante un encuentro con el gobernador Rogelio Frigerio para abordar la resistida reforma previsional en Entre Ríos. Buena parte de la dirigencia de los sindicatos activos habían tomado contacto con el presidente de la Federación de Jubilados y Pensionados de Entre Ríos en los últimos dos meses.
Aimone había dicho el jueves, después de la movilización provincial a Casa de Gobierno contra la reforma previsional, que esa había sido la primera vez que la Federación de Jubilados participaba de una manifestación de esa envergadura. Agmer y la Federación se han enfrentado siempre por ocupar el lugar de vocal en la Caja de Jubilaciones. Hoy, ese cargo está en manos de Claudia Vallori, en representación de la Federación de Jubilados.
«Pochi» Aimone tenía 82 años y este miércoles iba a partcipar de una asamblea en la que la Federación de Jubilados tenía previsto refrendar su presidencia por un mandato más.
Se inició como maetro rural y después fue maestro en la Escuela Normal Superior Victorino Viale, en el turno mañana, y secretario en el Instituto Comercial Virgen de la Medalla Milagrosa, institución educativa de caracter parroquial que ayudó a crecer: durante 18 años organizó junto a Elsa Esquivel, actual presidenta del Centro de Jubilados de Viale, una rifa con 120 premios para recaudar fondos.
Era, además, ministro de la Eucaristía en la parroquia Santa Ana.
Quienes lo conocieron a «Pochi» Aimone -que falleció este domingo- admiten que tenía una vitalidad envidiable: no paraba en ningún momento.
Lo veían reconfortado últimamente después del análisis de rutina que se había practicado en el Sanatorio Adventista de Villa Libertador. Se venía tratando de un cáncer de próstata. El oncólogo lo había encontrado bien, y todos los análisis resultaron satisfactorios. Le habían dicho que por cuatro o cinco años no necesitaba nuevos estudios.
Pero el sábado se sintió mal. Un dolor en la espalda lo mantuvo inquieto todo el día. Su mujer, Norma, estuvo cerca suyo.
El domingo pudo levantarse. Se sintió mejor. Pero alrededor de mediodía le dijo a Norma que se iría a acostar. No se sentía bien. No volvió a levantarse. Un infarto terminó con su vida.
Foto: La Lucha en la Calle
De la Redacción de Entre Ríos Ahora

